Ataque terrorista, Halloween, Brooklyn, NY

De eso que un día te dejas caer en el barrio que tiene una pelea consigo mismo. Brooklyn.

¿Por qué? Uno entiende esa pelea y armonía cuando ve el puente sobre el que pasa el metro, el que lo conecta con Manhattan. Te pones debajo de él, entre tiendas de segunda mano, y echas un vistazo a ambos lados.

A un lado se perciben los edificios austeros, casi descuidados, de corte antiguo y sencillo. Por sus calles pasean sus gentes, todas vestidas igual: ellas, con pelucas, colgantes de perlas, faldas largas y zapato bajo; ellos, con sus largas chaquetas, gorros altos, barbas tan largas como sus patillas. No hay colores en sus vestimentas y no se ve un solo móvil posterior a la llegada de Internet a nuestros dispositivos.

En este tranquilo barrio viven los judíos ortodoxos. Seguir leyendo “Ataque terrorista, Halloween, Brooklyn, NY”

Nada más llegar a NY

Según me contó mi profesora de literatura, había dos tipos de escritores románticos: los que escribían en la rabia (o placer) del sentimiento y los que dejaban madurar el sentimiento. Ahora estoy dejando que el sentimiento repose para poder expresar lo que esta ciudad me ha hecho aprender y sentir.
A ver, no nos engañemos. Esto es una ciudad, no es Hollywood. Pero creo que esa es la impresión que uno tiene nada más llegar. Todas las avenidas que conforman la isla de Manhattan de arriba abajo no son más que sucesiones de edificios que rascan el cielo como grises dedos que ansían llegar al azul. En ese sentido, parece que
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Carta a un ladrón inocente de almas

Querido amigo:

Hoy la he visto. La he visto por última vez por las calles, paseando sus tacones altos contra el asfalto y su pelo navegando contra el viento otoñal. La he visto, hemos hablado, y la dejé ir.

Todo lo que te diré ella me lo confesó con sus ojos avellana clavados en el humo ascendente de un café recién hecho. Quizás eran avellanas pasadas por agua. No lo sé.

Sin pensar, se dejó caer en tus brazos, ¿te acuerdas? Quizás no mucho, quizás el olor que te llegaba al abrazarla se ha mezclado con los de otras mujeres en tu mente, quizás fue como ese alimento que tomas rápido para saciar tu hambre y ni te molestas en saborearlo. Ella, sin embargo, te recuerda bien. Recuerda su Seguir leyendo “Carta a un ladrón inocente de almas”

Cómo ser un dolorido astronauta

(Versión narrada al final*)

Hoy, como un niño, me he puesto a jugar con los planetas. Me he sentado en la alfombra con las piernas por delante, el tronco inclinado y los recuerdos haciendo temblar mi mirada. Una sonrisa a medio torcer, pero ojos algo perdidos.

El ruido de los engranajes de mi mente llena el hueco que hay entre los juguetes y las paredes.

Mi planeta y el tuyo, por puro azar universal, acabaron en órbitas muy cercanas. Giraban tanteándose el uno al otro, sacando a relucir sus más bonitas lunas. A mí las tuyas me parecían preciosas. Nos mandábamos mensajes mediante asteroides y naves que, ahora que lo recuerdo, eran bastante inexperimentadas. Los pequeños habitantes de nuestros planetas hacían mapas del planeta vecino, sacaban sus grandes telescopios para analizar y recordar cada centímetro de la otra superficie. Todo un movimiento planetario-social, una revuelta, un fenómeno extendido. Los científicos se asombraban con las cualidades del planeta y afirmaban “¡Pero si esto es imposible!”, aunque más que una afirmación rotunda, era Seguir leyendo “Cómo ser un dolorido astronauta”

Espíritus imperiales

(Versión narrada al final*)

Es como partir palabras y dejarlas colgando en el borde del labio. Ese sentimiento de que dejas algo en tu interior que no puede salir, que lucha y grita en silencio. Exactamente así es llevar una máscara delante de todo el mundo, incluso delante de aquel que sabe lo que hay debajo.

Pero, ¿y si la máscara te salva de la muerte?

Entonces, puede que dejar las palabras partidas en tu interior no esté tan mal.

Ella, Yukiko, dulce y elegante geisha, deseada, admirada. Él, Kaito, respetado y valiente samurái, fuerte, admirado. Lo que ambos escondían debajo de esas máscaras de gloria era un pasado de hambre, de dolor. De llorar, de preguntar, de callar. De robar, de mentir, de no ser comprendido. Un pasado de pobreza.

Sin embargo, ambos tuvieron la suerte de encontrar un padrino. A él lo instruyeron en el arte de matar corazones con una katana. A ella la enseñaron a parar los corazones con una mirada.

Y así parecía que él había olvidado Seguir leyendo “Espíritus imperiales”

Detroit

(Versión narrada al final*)

Como todo a lo que no se le da importancia, su existencia pasa desapercibida. Y, como siempre, lo más silencioso es lo que más grita por dentro.
Se sentó en el centro de su cuarto (no nos importa cómo sea éste). Tomó la esfera de cristal entre sus manos y pronunció unas palabras. La única luz que entraba en el cuarto, por el momento, era la que filtraba el ventanuco, el cual, dejaba ver la calle antigua (no nos importa en concreto cuál) y sus adoquines, sus paredes de piedra, su aroma a siglos y a vida. Entonces, una segunda luz, muy tenue, aportó algo más de claridad al cuarto: la esfera empezó a emitir imágenes, tímidas e imprecisas. De momento.

Cuentan que todas las ciudades tienen un alma. Una personalidad, un color, una voz. Tienen un alma, y todas ellas suelen ser caprichosas, juguetonas, a la par que sabias y poderosas.

Como todas las mañanas, Guardián pasó la manó por la esfera para dar paso al nuevo día. Los quejidos y las alarmas empezaron su Seguir leyendo “Detroit”

Conjuros de cambio

 

(*Versión narrada al final)

Las propia naturaleza del juego requería que las ropas fuesen negras. Requería esperar a la noche del domingo. Requería, o, más bien sugería, llevar un sombrero oscuro como el cielo.

La puerta sonó y se presentó Él. Ella, Miércoles, lo llevó a su pequeño cuarto y le mostró las páginas blancas y negras que estaban tiradas sobre el suelo de madera, decorado éste con motivos irregulares (aparentemente) de tiza pálida como la luna. Lo desnudó y lo tumbó bocarriba sobre todas esas hojas arrancadas. Lo miró fijamente a los ojos.

Era su mejor amigo, un título que se obtiene después de pasar por errores, por problemas, por gritos, por risas. Por viajes. Por música. Y en fin, allí estaba él. Ayudándola.

Prestándose a participar en su conjuro.

555 copiaTomó su grimorio y lo abrió por la página deseada. Miércoles se quedó de pie, el libro en las manos y Seguir leyendo “Conjuros de cambio”